Hasta hace algunos años, armar una mesa de regalos parecía bastante sencillo: vajilla, cristalería, blancos, electrodomésticos y algunos básicos eran más que suficientes para empezar una casa; sin embargo, buena parte de las parejas que se casan hoy ya comparten un hogar, tienen una cocina equipada, compraron muebles hace años y, probablemente, acumulan más de una cosa que alguna vez juraron reemplazar “después”.
Entonces, ¿qué sentido tiene abrir una mesa de regalos? Para Celebra, la Mesa de Regalos de El Palacio de Hierro, la respuesta está mucho más enfocada en cómo desea vivir la pareja y no tanto en lo que debería tener. Después de tantos años de este servicio, la marca ha visto cómo las listas han dejado de girar exclusivamente alrededor del hogar para incorporar viajes, tecnología, piezas de diseño, wellness, experiencias y objetos pensados para recibir amigos, cocinar juntos o simplemente mejorar lo que ya tienen.
Platicamos con Mónica, directora de Celebra, sobre qué están eligiendo las parejas, cuáles son los errores más comunes al crear una mesa de regalos y por qué, incluso si llevan años viviendo juntos, la boda puede ser un gran momento para revisar qué vale la pena conservar, cambiar o comprar.

Antes de agregar productos, piensen cómo quieren vivir
Una de las recomendaciones que más se repite durante nuestra conversación con Mónica es también una de las más sencillas: no empiecen eligiendo objetos. Primero hablen.
“Hay que ponerle un propósito”, explica. Antes de recorrer departamentos o comenzar a guardar productos en una lista digital, conviene preguntarse cómo es su vida juntos y qué quieren construir durante los siguientes años.
Quizá disfrutan cocinar y tener gente en casa. Tal vez los fines de semana casi siempre terminan viajando. Puede que el café sea un ritual importante para los dos o que hayan pospuesto durante años comprar unas buenas maletas, renovar la ropa de cama o invertir en una pieza de mobiliario que realmente les guste.
Ese pequeño ejercicio cambia por completo la lógica de la mesa de regalos. En lugar de agregar artículos porque “van en una lista de bodas”, la selección comienza a responder a rutinas concretas: una cena con amigos, los desayunos de domingo, un viaje improvisado, una sobremesa larga o simplemente el gusto de llegar a una casa que se siente cada vez más propia.

¿Tiene sentido abrir una mesa de regalos si ya viven juntos?
Sí, mucho más del que creen. Mónica reconoce que es una de las dudas que escucha con mayor frecuencia. Después de cuatro o cinco años viviendo juntos, muchas parejas sienten que abrir una mesa resulta innecesario. Sin embargo, convivir antes de la boda también suele significar haber acumulado compras de momentos distintos: la cafetera de uno, los platos del otro, muebles temporales y esos objetos que llevan años acompañados por un “algún día compraremos uno mejor”.
La boda puede convertirse en el momento para revisar todo eso. No se trata de sustituir por sustituir, sino de decidir qué vale la pena conservar, qué necesita una renovación y en qué quieren invertir ahora como pareja. Desde una batería de cocina que dure muchos años hasta equipaje, tecnología o una pieza de diseño para casa.
Y, sobre todo, evita algo que casi todos hemos visto alguna vez: regalos perfectamente empacados que terminan viviendo durante años dentro de un clóset.

La fórmula de tres partes para crear una buena mesa de regalos
¿Cómo evitar una lista interminable y convertirla en algo que realmente represente a la pareja?
Mónica tiene una fórmula que nos encantó: dividirla mentalmente en tres grandes grupos.
El primero son los básicos que forman parte de la vida diaria. Aquí entran cocina, ropa de cama, electrodomésticos y aquellos artículos que usarán constantemente. Son también regalos que muchos invitados disfrutan elegir porque saben que estarán presentes durante años en la rutina de los recién casados.
Después vienen las piezas que desean de verdad. Un florero, una vajilla, una lámpara, una cafetera, un sillón o ese objeto que han visto varias veces pero nunca se han decidido a comprar. La mesa de regalos también puede ser el espacio para incluir algunas elecciones menos funcionales y mucho más personales.
Finalmente están los viajes, escapadas y experiencias. Para una generación que muchas veces prioriza lo que vive tanto como lo que posee, esta categoría ha adquirido cada vez más relevancia.
La combinación funciona porque permite que cada invitado encuentre una forma distinta de participar y, al mismo tiempo, evita que la lista se convierta en una colección de objetos desconectados entre sí.

Lo que las parejas están agregando ahora a sus mesas de regalos
La casa sigue teniendo un papel importante, pero las categorías se han ampliado.
Mónica identifica un interés creciente por el cuidado personal, el wellness y los productos desarrollados con una mayor conciencia sobre materiales y procesos. Esa atención puede aparecer en prácticamente cualquier espacio, desde los textiles que eligen para la cama hasta los utensilios de cocina.
También hay una mirada distinta hacia el entretenimiento en casa. Las parejas piensan en cómo recibirán a sus amigos, qué necesitan para organizar una cena o qué piezas harán que esos encuentros sean más fáciles.
Celebra permite llevar esa selección mucho más allá de los departamentos tradicionalmente asociados con una mesa de regalos. Dentro del ecosistema de El Palacio de Hierro pueden encontrar hogar, tecnología, línea blanca, moda, relojería, joyería, vinos y licores, viajes y distintos servicios.
La ventaja es poder construir una lista que se parezca más a su vida y menos a una plantilla de lo que supuestamente deberían recibir al casarse.

Uno de los errores más comunes: Abrirla demasiado tarde
Mientras algunos pendientes de la boda sí pueden resolverse pocas semanas antes, Mónica aconseja que la mesa de regalos no sea uno de ellos.
En Celebra es posible abrirla hasta 12 meses antes de la boda, aunque muchas parejas comienzan alrededor de nueve o seis meses antes. Su recomendación es no dejar pasar demasiado tiempo porque la lista también necesita evolucionar.
Pueden comenzar con una selección y después eliminar, agregar o complementar productos conforme reciben regalos o descubren nuevas necesidades.
Además, aunque muchos invitados en México siguen comprando cerca de la fecha de la boda, cada vez es más habitual que alguien consulte la mesa desde que recibe el save the date o la invitación.
Abrirla con anticipación también les quita presión: tienen tiempo de recorrer, comparar materiales, pedir asesoría y decidir qué sí tiene sentido sumar.

No tengan miedo a mezclar precios
El segundo error que Mónica detecta constantemente es construir toda la lista alrededor del mismo rango de precio. Una buena mesa debe ofrecer alternativas.
Eso significa incluir desde piezas individuales y regalos accesibles hasta sets o artículos de mayor valor. Poner algo costoso en la lista no significa esperar que alguien necesariamente lo compre; simplemente amplía las posibilidades y permite que cada invitado decida cuánto quiere gastar.
La variedad también hace mucho más fácil navegar una mesa. Hay invitados que prefieren regalar una pieza pequeña y significativa, familiares que quieren elegir algo importante y grupos que pueden organizarse para comprar juntos.
Limitar todos los productos a una misma cantidad termina haciendo más complicada una decisión que debería ser sencilla.

La asesoría también cuenta
Una de las diferencias que Mónica subraya sobre Celebra es la posibilidad de llevar el proceso al mundo físico.
Las parejas pueden visitar El Palacio de Hierro y conversar directamente con especialistas de distintas áreas. Interiorismo, viajes, vinos o las propias marcas pueden formar parte de la asesoría dependiendo de lo que estén buscando.
Porque hay compras para las que una fotografía y una descripción en pantalla bastan, pero hay otras en las que vale la pena preguntar qué material conviene más, comparar opciones o entender qué producto podría acompañarlos mejor durante muchos años.
Además, la mesa puede abrirse de manera presencial en las tiendas de El Palacio de Hierro y también desde los canales digitales de la marca, incluida su aplicación.
Un beneficio que continúa después de la boda
Celebra también cuenta con un sistema de bonificaciones ligado tanto a los regalos recibidos como a compras personales participantes realizadas durante el periodo del evento.
El programa puede otorgar hasta 10% de bonificación, que puede alcanzar 15% al llegar a los montos establecidos por el programa. Al cierre del evento, el beneficio se concentra en la Tarjeta Celebra y puede utilizarse, por ejemplo, para completar algo que quedó pendiente en casa después de la boda.
Actualmente, la mesa puede abrirse sin costo y hasta un año antes de la celebración. Las bonificaciones y beneficios están sujetos a los términos, condiciones y restricciones vigentes del programa.
Más allá de los porcentajes, hay una ventaja práctica en registrar también las compras que la pareja realiza durante esos meses: la mesa deja de funcionar únicamente como un lugar al que llegan los invitados y se integra al proceso de construir su casa y su vida juntos.

Entonces, ¿qué deberían poner en su mesa de regalos?
La respuesta corta sería: aquello que tenga sentido para ustedes dentro de cinco o diez años.
Antes de agregar veinte cosas a una categoría, revisen qué tienen. Piensen qué utilizan todos los días, qué necesita una renovación y qué les gustaría disfrutar más. Incluyan diferentes presupuestos y permitan que haya espacio para algunos objetos simplemente porque les encantan.
Sobre todo, no diseñen la mesa pensando exclusivamente en el día de la boda.
“Ya no es coleccionar artículos, es crear el escenario para esos momentos que quieres guardar para toda tu vida”, resume Mónica.
Quizá ahí está la mejor forma de entender para qué sirve hoy una mesa de regalos. La boda dura unas horas; todo lo que sucede alrededor de esa mesa empieza a utilizarse después.
Si deseas abrir tu mesa de regalos con Celebra, recuerda que puedes hacerlo en cualquiera de sus sucursales y, en elpalaciodehierro.com/listaderegalos , o bien, en la app de El Palacio de Hierro.
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POR: MELISSA LARA



