El llamado turismo cinematográfico vive uno de sus momentos más fuertes, y este año las parejas tienen un nuevo pretexto para planear su próxima escapada romántica: las ciudades donde fueron filmadas las películas nominadas a los Academy Awards 2026. Desde paisajes urbanos icónicos hasta escenarios naturales que se vuelven protagonistas en la pantalla, cada vez más viajeros buscan visitar esos destinos de película que vieron en la pantalla grande.

Impulsadas por el impacto cultural del cine y la conversación global que generan los premios de Hollywood, muchas parejas están añadiendo a su lista de destinos aquellas ciudades que sirvieron como locación para las producciones que compiten por el Óscar. Caminar por las mismas calles que aparecen en una escena que les marcó u hospedarse cerca de los sets de filmación se han convertido en una experiencia que combina romance, cultura y entretenimiento.
Para Frankenstein, Guillermo del Toro eligió paisajes que evocan el romanticismo oscuro y la estética victoriana. La imponente Gosford House y las calles empedradas de la Royal Mile ofrecieron el escenario perfecto para esta adaptación. También destacó la elegancia histórica de Wilton House, famosa por su arquitectura del siglo XVII.


En F1: The Movie, la narrativa se convierte en un verdadero pasaporte internacional gracias a su rodaje en circuitos reales durante distintos Grandes Premios. Entre ellos sobresalen Silverstone Circuit, Circuit de Spa‑Francorchamps, el Hungaroring y el circuito callejero de Las Vegas Strip Circuit. La producción protagonizada por Brad Pitt también despierta el deseo de viajar a destinos asociados con el lujo y la adrenalina del automovilismo, como Monaco y Abu Dhabi.

Reino Unido vuelve a destacar en Hamnet, donde la directora Chloé Zhao propone un viaje visual a la Inglaterra del siglo XVI. El pintoresco pueblo de Weobley, conocido por sus casas de entramado de madera blanca y negra, recrea el ambiente de Stratford‑upon‑Avon. A ello se suma Charterhouse, un complejo histórico con edificios medievales en el corazón de la capital británica.



Para Bugonia, Yorgos Lanthimos trasladó su equipo a High Wycombe, donde construyó la atmósfera surrealista que domina la película. También utilizó el complejo contemporáneo Botanica Ditton Park y una finca en Oxshott para representar el hogar del personaje interpretado por Emma Stone. El desenlace, en cambio, se sitúa en la playa de Sarakiniko, célebre por su paisaje lunar de roca blanca y aguas cristalinas.

Sentimental Value ofrece un recorrido sofisticado por la arquitectura nórdica, especialmente en Oslo. Allí destacan el elegante barrio de Frogner y el emblemático National Theatre. En contraste, El agente secreto muestra la vitalidad cultural de Rio de Janeiro y despierta el interés por experiencias urbanas más auténticas. Algo similar ocurre con One Battle After Another, que recorre diversas locaciones de United States.


Destinos de película icónicos
Para el drama sobre el tenis de mesa en los años 50 con Timothée Chalamet, la producción de Marty Supreme recreó un Nueva York nostálgico. Principalmente vemos el Lower East Side y locaciones rurales en el Condado de Orange en las escenas de carretera de época. En Sinners, el director Ryan Coogler aprovecha la atmósfera mística del sur estadounidense para construir un thriller gótico protagonizado por Michael B. Jordan. El rodaje en New Orleans y en pueblos como Donaldsonville y Labadieville captura la esencia del Mississippi rural de los años treinta.
Por su parte, Train Dreams destaca la inmensidad de los paisajes naturales al situar su historia en los densos bosques del estado de Washington. En este contexto, los parques nacionales estadounidenses se consolidan como auténticos destinos de película. Ofrecen escenarios espectaculares y experiencias ideales para vivir una historia de amor rodeados de naturaleza.




Así, el interés por viajar a los escenarios reales de las películas nominadas al Óscar 2026 no solo refleja la influencia del cine en las decisiones de viaje, sino también una nueva forma de vivir las historias favoritas fuera de la pantalla: explorando destinos que ahora forman parte del imaginario cinematográfico global.
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POR: REGINA LÁZARO



