Casa Carolina se revela como mucho más que un hotel en el corazón de la Ciudad Amurallada. Es una experiencia que encarna el realismo mágico de Cartagena en su forma más auténtica. Este refugio de arquitectura restaurada y atmósfera íntima invita a vivir pedidas de mano, despedidas de soltero, bodas y lunas de miel. Todo ocurre con una sensibilidad que honra el pasado y dialoga con el presente.

Recientemente, conversamos con Caroline Tchekhoff, dueña de Casa Carolina y una de las voces clave detrás de Nuestra Cartagena. Esta iniciativa impulsa una visión consciente, respetuosa y profundamente conectada con la esencia cultural del destino. Entre hospitalidad, patrimonio y experiencias curadas, Caroline nos compartió cómo Casa Carolina se ha convertido en un punto de encuentro para parejas que buscan celebrar momentos inolvidables. Todo sucede en un escenario donde la realidad —como en los relatos de García Márquez— siempre supera a la imaginación.
Y es que México y Colombia son naciones que tienen mucho en común. Su historia va más allá de la época colonial y comparten una profunda herencia cultural. “En mi experiencia, el turista mexicano se siente como en casa en Cartagena porque, aunque hay diferentes idiomas y formas de expresión, existe una raíz común”, reconoce Caroline Tchekhoff.
Nacida cerca de Brujas, otra ciudad bellísima de Bélgica, Caroline descubrió Cartagena hace casi 30 años. “Me enamoré de su gente y de su patrimonio, todo parecía detenido en el tiempo. Mi primer viaje de regreso a Europa fue solo para preparar mi retorno y comprar lo que hoy es Casa Carolina”, recuerda.
Dar el sí entre la magia de lo auténtico
Normalmente, las parejas se hospedan en Casa Carolina con sus familiares e invitados más cercanos, pues se encuentra a tan solo unos pasos de la Catedral de Santa Catalina de Alejandría. Aunque también su rooftop es uno de los lugares más solicitados para pedidas de mano, especialmente donde se localiza la Media Luna. Esta propiedad fue el presbiterio de la catedral y hogar de arzobispos durante 200 años y hoy es un hotel boutique de 15 habitaciones enfocado en el bienestar.
Desde la cascada de agua al entrar hasta los espacios diseñados bajo el Feng Shui, todo busca propiciar el bienestar de los huéspedes y celebrar el amor puro, descrito por Gabriel García Márquez. De hecho, en 2007 se filmó ahí El amor en los tiempos de cólera y conservan la cama original de la película, llamada “la cama del amor eterno”, aunado a que la suite nupcial se llama Fermina Daza en honor a la protagonista del libro. “Es gigante y tiene una pequeña escalera y vistas directas a la catedral y al palacio del gobernador”, comparte Caroline.




Igualmente, Juliana Bravo —artista de la casa y quien trabaja con oro puro en su arte contemporáneo— tiene cuadros inspirados en meditaciones y en las novelas del reconocido escritor colombiano, en las que se muestran códigos QR que llevan a meditaciones en Spotify que promueven una energía limpia de amor.
Casa Carolina ofrece servicio previo a la unión, posterior y por supuesto para la boda. “Contamos con un equipo dirigido por Tata Umaña, médica cuántica y chamana, quien realiza rituales de amor ancestrales, terapias de sonido y prácticas ayurvédicas en nuestro spa para que la pareja llegue al altar en serenidad. Y en las ceremonias, podemos recibir de 80 a 100 personas en el gran salón o el rooftop que tiene vistas espectaculares, además de que estamos abiertos a trabajar con todos los wedding planners, especialmente aquellos que buscan una boda sensorial y fuera del estándar”.


Eventos como Cartagena Wedding Dreams and Forum, creado por Mary Cueter —una de las organizadoras de bodas más reconocidas de Colombia—, han consolidado a Cartagena como uno de los destinos más románticos de Latinoamérica para casarse. Wedding planners, proveedores, diseñadores, marcas y expertos del sector nupcial se reúnen en este encuentro que combina conferencias, workshops y paneles especializados en planificación, diseño y tendencias. El programa se completa con experiencias únicas, como una pasarela de vestidos de novia elaborados en oro, que refuerzan el carácter creativo y exclusivo del foro.
En cuanto a la oferta gastronómica de Casa Carolina, su chef ejecutivo, Andrés Fernández, tiene experiencia en restaurantes de dos estrellas Michelin en Francia y Japón, a la par que usa ingredientes de fincas locales y todos los platillos son libres de gluten y azúcar añadida. También su mixólogo crea bebidas como la limonada de crema de cacao y el Mambe, una alternativa local del matcha para desintoxicar la sangre con hoja de coca deshidratada.




Mientras que para los invitados, pueden organizar salidas a las islas cercanas a Cartagena para disfrutar de su belleza natural y ambiente relajado, así como clases de cocina, catas de ron y chocolate, o lecciones de baile. Para despedidas de soltero, es posible hacer el bloqueo de habitaciones y tener acceso a “Members Only”, un club del gremio donde se puede cantar y disfrutar de un ambiente auténtico con músicos en vivo.
Al preguntarle a Caroline con cuánto tiempo de anticipación recomienda contratar los servicios de Casa Carolina, ella responde: “Sugiero contactarnos al menos 6 meses antes, aunque lo ideal es un año para asegurar el alquiler total del hotel y la disponibilidad de los invitados. Soy defensora del slow living; planear con tiempo permite cuidar cada detalle nutricional y energético sin el estrés de las soluciones de último minuto”.
Siempre tendremos Nuestra Cartagena
Como habíamos mencionado previamente, Casa Carolina forma parte de Nuestra Cartagena, un proyecto impulsado por 16 empresas independientes que buscan promover al destino desde su historia, arquitectura, escena artística, gastronomía y por su puesto, la calidez de su gente y esa belleza natural que lo hace tan único, sin dejar de lado la responsabilidad ambiental. En el caso específico de Casa Carolina, trabajan con la fundación Green Apple para reciclar vidrio e incluso recuperan la arena de vidrio reciclado para la filtración de su piscina y junto a la Fundación Centro Histórico —encargada de proteger el patrimonio material e inmaterial— impulsan las visitas a Cartagena para conectar no solo desde lo religioso, sino lo espiritual.


No tenemos duda de que Cartagena es el escenario idóneo para una boda cargada de realismo mágico. “Como decía Gabriel García Márquez, aquí la realidad supera a la imaginación. Cartagena tiene una magia y una identidad autóctona que no se puede explicar; yo, siendo belga, nunca había vivido algo así en otro lugar del mundo. Casa Carolina fue hecha por amor, para el amor y con amor”, concluye Caroline Tchekhoff.
Juntos, Casa Carolina y Cartagena representan una forma de celebrar el amor desde lo auténtico, lo consciente y lo profundamente simbólico. Cada unión se transforma en una experiencia que se siente y perdura en la memoria al tener lugar en un espacio donde la historia, la espiritualidad y la belleza conviven de manera natural.
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POR: REGINA LÁZARO




